Archivos de la categoría ‘Santa María de los Buenos Aires’

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Más caliente que china en baile

Diciembre 31, 2007

No. No voy a escribir sobre mi vida sexual.

Por ahora.

Miles de extranjeros eligieron recibir el 2008 en Buenos Aires. Al fin y al cabo, es uno de los destinos turísticos más importantes del mundo.

Una ciudad bellísima, con miles de puntos atractivos y cientos de espectáculos musicales, humorísticos y culturales.

Eso sí, los turistas deben creen que Buenos Aires es un pueblo fantasma. Literalmente. Llegó el calor y se fueron los porteños. Los barcos de Buquebús salen llenos de argentinos, colgados hasta de las barandas con tal de disfrutar de las playas uruguayas. Las rutas colapsaron, con cientos de miles de autos, combis y micros con destino a cualquier lado, siempre que sea lejos de Buenos Aires.

Mar de Plata está llena. Córdoba también. Mendoza, San Luis, Entre Ríos, Neuquén… todos sufriendo la invasión porteña.

Es que el calor acá es insoportable. Porque una cosa es tener 40 grados de sensación térmica en Piriápolis, Las Cañas, Pinamar, Villa Gesel o Villa Carlos Paz, con el agua hasta el cuello y un paisaje natural… y otra en la selva urbana, con edificios y cemento hasta el horizonte, donde lo único natural en kilómetros a la redonda son las plantas artificiales de un shopping.

El problema que tiene Buenos Aires es que, como dice el dicho, “está a espaldas del Río de la Plata”. Montevideo y Buenos Aires comparten el mismo río. Pero mientras que Montevideo se enamoró del Río de la Plata y formaron una pareja inseparable, Buenos Aires le dio la espalda, lo ensució, lo contaminó y lo vació de toda posibilidad de reracionamiento amistoso o romántico.

Encima, justo hoy aumentó todo. Aumentó el tren, el subte y los colectivos. El gobierno argentino es inteligente, sabe que en estas fechas la ciudad está vacía. Y que en Buenos Aires nunca habrá una revolución, una revuelta popular o una marcha de protesta en verano. Mucho calor para protestar por los derechos del pueblo.

Hay una película de terror británica que gracias a la tecnología digital pudo mostrar a Londres completamente vacía, luego de una infección mortal que convertía a la gente en zombies hambrientos de carne humana. Calles vacías, salvo por cuerpos deformes que vagan por la ciudad.

Así está Buenos Aires hoy. En las calles porteñas –principalmente en los alrededores del Lago de Palermo y la plaza que está en Retiro- se pueden observar cuerpos extraños, deformes, con un extraño color de piel.

Son los parias que quedaron. Cientos de personas que pasean o trotan, sin remera ni camisa, mostrando orgullosos los estragos de las fiestas de fin de año en sus panzas, y con ese colorcito marrón brillante que resulta de tomar sol en una plaza, embadurnados con aceite de coco.

Son los porteños que se toman sus vacaciones en Buenos Aires. Y que cuando regresan al trabajo, dirán que “Punta del Este está divina, boludo, no sabés las minitas que me levanté en Gorlero”.

Un paseo por San Telmo permite escuchar, en solo una cuadra, diez idiomas diferentes. Brasileros, yanquis, alemanes, franceses… todos eligen Buenos Aires, porque saben que es una ciudad única en el mundo.

Buenos Aires, una ciudad espectacular, quedó vacía. Tal vez ése sea el principal atractivo para los turistas, disfrutar de esta ciudad… sin porteños.

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Tonito porteño

Diciembre 30, 2007

- “Pero que tonito de porteño odioso y agrandado tenés!”

- “Ehhh… ¿para tanto, che?”

- “Si.. parecés un argentino agrandado y pedante”

Luego de varios días de chat e intercambios de mails, hablé por teléfono con la blogger -el camión que mencioné en mi primer post- que me desafió a publicar este blog personal.

Si, ya lo sabía. Se me pegó el tonito porteño. Y es jodido, porque en Uruguay se creen, los que no me conocen, que están hablando con un porteño.

Lo mismo me pasó -hace ya un muchos años- cuando me mudé a Montevideo desde mi ciudad natal para estudiar en la facultad. Tres meses después, de visita a mi ciudad, me dijeron que parecía un montevideano de pura cepa.

No hay caso. Algunos tienen facilidad para aprender nuevos idiomas. Lo mío es más básico, se me pegan los tonitos. Encima, los tonitos que nunca tendrán un club de fans.

Me podría haber mudado a París y por teléfono me podrían confundir con Alain Delon. O a Escocia y me dirían “flaco… por teléfono sos igualito a Sean Connery”. O a Maldonado, y me divertiría diciendo “tira tú que te toca a tí”.

Pero no, me mudé a Buenos Aires. Y convengamos que el tonito porteño no sólo no tiene seguidores en Uruguay. No. Me miran torcido en Entre Ríos, Córdoba, Santa Fé, Mendoza, Corrientes…

Si me mudo a otro país en el futuro, espero que no sea Chile. No me daría el tiempo para que se me pegue el tonito chileno. Antes me empalarían en las calles de Santiago.

Ahora que lo pienso… con este tonito tampoco podría mudarme a Brasil. Ni a Bolivia. Ni a Paraguay. Ni a Perú. Tal vez Venezuela, ahora que el “compañero” Chávez anda haciendo flor de negocios con el “compañero” matrimonio Kirchner.

Lo peor… ni cuenta me doy de mi tonada. Y cuando pasa eso, ya no hay retorno. Cuando llegué a esta ciudad me daba cuenta que estaba rodeado de argentinos. Un día caí en la cuenta que… para mí, los porteños ya no tenían tonito porteño.

Ta’, marché. Si para los porteños no tienen tonito, es porque YO ya lo tengo completamente incorporado.

Me quedó claro un día que estaba en Corrientes, en la sala de conferencias de un hotel, y me puse a conversar con una promotora local. En un momento me ligo un “pero andá.. si ustedes los porteños son todos unos agrandados”.

Rechacé enfáticamente esa afirmación tan ligera y generalizante. No porque me molestara que pensaran eso de los porteños. El problema es que me estaban incluyendo en la volteada. Tuve que mostrar la cédula de identidad para convencerla que era uruguayo.  Y creo que aún así quedó con dudas.

Y sí… acá es fácil conseguir documentos truchos.

Lo peor es cuando uno quiere volver a la tonadita oriental. Llámese nacionalismo, orgullo, melancolía o simplemente para evitar ser linchado por una turba en el norte argentino. Ahí uno empieza a mechar los championes, el bo’, el ta’ (si, lo sé ya lo usé antes en este mismo post) cosa de DE-MOS-TRAR que uno es uruguayo, charrúa y oriental.

A no exagerar… hay veces que abuso tanto del bo’ y el ta’ que hasta a los uruguayos les parece raro. Y terminan pensando que soy un porteño infiltrado tratando de hacerme pasar por un uruguayo.

Encima, de un tiempo a esta parte hablo con un uruguayo y le encuentro tonadita.

Toy en el horno, bo’. Falta que empiece a decirle “el Diego” al gordo falopero de Maradona y listo, me tendré que quedar de por vida en esta ciudad.