No. No voy a escribir sobre mi vida sexual.
Por ahora.
Miles de extranjeros eligieron recibir el 2008 en Buenos Aires. Al fin y al cabo, es uno de los destinos turísticos más importantes del mundo.
Una ciudad bellísima, con miles de puntos atractivos y cientos de espectáculos musicales, humorísticos y culturales.
Eso sí, los turistas deben creen que Buenos Aires es un pueblo fantasma. Literalmente. Llegó el calor y se fueron los porteños. Los barcos de Buquebús salen llenos de argentinos, colgados hasta de las barandas con tal de disfrutar de las playas uruguayas. Las rutas colapsaron, con cientos de miles de autos, combis y micros con destino a cualquier lado, siempre que sea lejos de Buenos Aires.
Mar de Plata está llena. Córdoba también. Mendoza, San Luis, Entre Ríos, Neuquén… todos sufriendo la invasión porteña.
Es que el calor acá es insoportable. Porque una cosa es tener 40 grados de sensación térmica en Piriápolis, Las Cañas, Pinamar, Villa Gesel o Villa Carlos Paz, con el agua hasta el cuello y un paisaje natural… y otra en la selva urbana, con edificios y cemento hasta el horizonte, donde lo único natural en kilómetros a la redonda son las plantas artificiales de un shopping.
El problema que tiene Buenos Aires es que, como dice el dicho, “está a espaldas del Río de la Plata”. Montevideo y Buenos Aires comparten el mismo río. Pero mientras que Montevideo se enamoró del Río de la Plata y formaron una pareja inseparable, Buenos Aires le dio la espalda, lo ensució, lo contaminó y lo vació de toda posibilidad de reracionamiento amistoso o romántico.
Encima, justo hoy aumentó todo. Aumentó el tren, el subte y los colectivos. El gobierno argentino es inteligente, sabe que en estas fechas la ciudad está vacía. Y que en Buenos Aires nunca habrá una revolución, una revuelta popular o una marcha de protesta en verano. Mucho calor para protestar por los derechos del pueblo.
Hay una película de terror británica que gracias a la tecnología digital pudo mostrar a Londres completamente vacía, luego de una infección mortal que convertía a la gente en zombies hambrientos de carne humana. Calles vacías, salvo por cuerpos deformes que vagan por la ciudad.
Así está Buenos Aires hoy. En las calles porteñas –principalmente en los alrededores del Lago de Palermo y la plaza que está en Retiro- se pueden observar cuerpos extraños, deformes, con un extraño color de piel.
Son los parias que quedaron. Cientos de personas que pasean o trotan, sin remera ni camisa, mostrando orgullosos los estragos de las fiestas de fin de año en sus panzas, y con ese colorcito marrón brillante que resulta de tomar sol en una plaza, embadurnados con aceite de coco.
Son los porteños que se toman sus vacaciones en Buenos Aires. Y que cuando regresan al trabajo, dirán que “Punta del Este está divina, boludo, no sabés las minitas que me levanté en Gorlero”.
Un paseo por San Telmo permite escuchar, en solo una cuadra, diez idiomas diferentes. Brasileros, yanquis, alemanes, franceses… todos eligen Buenos Aires, porque saben que es una ciudad única en el mundo.
Buenos Aires, una ciudad espectacular, quedó vacía. Tal vez ése sea el principal atractivo para los turistas, disfrutar de esta ciudad… sin porteños.



